lunes 16 de mayo de 2011

Arquitectura: ¿Crisis o derrota?

La arquitectura no es la única disciplina que cada cierto tiempo se le considera como atravesando una crisis. Es algo que se ha hecho recurrente también en variadas expresiones artísticas como la pintura, el jazz, la poesía, entre otras. Algo equivalente ocurre con la política, la religión, la moral y en última instancia con la sociedad como conjunto. A las que se suman la crisis energética, medioambiental y la crisis de la ciudad.
Para abrir esta reflexión se requiere intentar definir que es lo que entendemos por crisis, para lo cual tomaremos como referencia la definición de la Enciclopedia Libre de Wikipedia:
"Crisis (del latín crisis, a su vez del griego κρίσις) es una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución".
¿Podríamos, por lo tanto, decir que la Arquitectura está en crisis?


Dubai
Diríamos que sí, si pensamos que está en constante cambio, sobre todo si pensamos que no solo esta sujeta a los cambios culturales, sino que también tecnológicos, climáticos, económicos, etc. De este modo estas crisis no debieran tener una connotación negativa, sino que al contrario, es parte consustancial de todo proceso evolutivo.
Si embargo hay una sensación de que algo negativo rodea la práctica y la enseñanza de la Arquitectura, lo que no sería, precisamente una crisis. Yo más bien me atrevo a aventurar que se trata de una perdida o, por que no decirlo, una derrota. Esta perdida tendría que ver con una suerte de reduccionismo que ha experimentado esta disciplina. Me refiero a que se ha ido reduciendo o limitando a la dimensión del diseño edilicio o mejor dicho al diseño del objeto o instrumento


Jamás se nos ocurriría confundir un instrumento musical, violín, trompeta o piano, con la Música. Tampoco confundiríamos las letras o las palabras con la Poesía. Pero si lo hemos hecho con los  objetos o instrumentos arquitectónicos y la Arquitectura. Por lo tanto esta ha perdido su potencial y capacidad de conformar lugares, limitándose a una manifestación auto referente y ego céntrica. Es así como nos hemos visto enfrentados a un deterioro del espacio público en nuestras ciudades y a una creciente privatización de este, y por otro lado a un abandono del ordenamiento territorial, quedando ambos sujetos a un proceso de especulación inmobiliaria. El edificio como objeto de esta especulación se ha aislado de su entorno y solo es valorado como un instrumento perteneciente a una corriente "design", en el mejor de los casos, cuando se instala en lugares de alta plusvalía. De lo contrario solo se limitan a engrosar los suburbios y la periferia urbana u otros lugares devaluados de la ciudad o el territorio.
                                                                                  Dubai


No es de extrañar que este fenómeno ocurra ligado al importante incremento que ha experimentado la sociedad de consumo a partir de la segunda mitad sel siglo XX. No solo consumimos ilimitadamente cosas materiales, sino que ademas hemos sido invadidos por un consumo visual y sensorial, muchas veces absolutamente banal.
En nuestras ciudades, cada vez más experimentamos una invasión de "edificios objeto" que solo hacen referencia a si mismos en los cuales el espacio circundante queda reducido a un carácter residual, negándose a configurar un espacio público urbano, culto y cultivado.                                                                                    
                                                                                     


No cabe duda que el edificio como obra y diseño singular siempre tendrá un valor en el tejido urbano y en el territorio, en cuanto se constituye como tal, es decir destacando en el contexto de un tejido doméstico propio de ciudades y espacios público que siempre valoramos. Lo contrario es la desaparición del tejido doméstico y su consecuente reemplazo por una sumatoria de edificios singulares, los cuales, de este modo, pierden todo su potencial de jugar un rol simbólico en el entorno que lo rodea. Un espacio público conformado por puros monumentos es igual a no tener monumentos. El problema es que todo inversionista inmobiliario y todo arquitecto quiere hacer de cada edificio un monumento, que además sea lo más difundido posible por los medios correspondientes.
                                                  














Plaza de Curepto, Chile                                               Place des Vosges. París


Pienso que este fenómeno implica una derrota ya que es el síntoma de un mal que aqueja transversalmente a nuestra sociedad. Esto es hacer el mayor ruido posible, el destacarse a como de lugar y el absoluto pánico a pasar desapercibidos y al anonimato. Si no estamos en las revistas, en la prensa, en la televisión, no existimos. Y lo que es más des esperanzador es que este fenómeno ha invadido a las universidades y por lo tanto a la formación de las futuras generaciones. Se hacen esfuerzos enormes por formar "arquitectos de marca", exigiendo resultados espectaculares más acorde con diseñadores de moda que con el oficio de la arquitectura. Es lamentable como los alumnos son impulsados a re interpretar las soluciones de arquitectos de vanguardia difundidos en las correspondientes publicaciones.
                                       Santiago de Chile


Mientras esto ocurre, tratando de diseñar objetos exclusivos, el ordenamiento de nuestras ciudades y del territorio   queda sujeto a herramientas de planificación que responden a la especulación inmobiliaria y a normativas "ad hoc". Y nosotros los arquitectos, con nuestra actitud sofisticada y exclusiva, proporcionamos un lenguaje apropiado para este fin, perdiendo la valiosa oportunidad de hacer arquitectura conformando lugares que enriquezcan la vida de los habitantes de las ciudades, de los pueblos y del campo.

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